Hasta siempre, Manu…

Setiembre, mes de la ansiedad. Para un aficionado del básquetbol como yo, este mes es uno de los más largos de todo el año, ¿por qué? Porque estamos a vísperas de empezar otra temporada más de la liga más competitiva del mundo, la NBA. Hoy por hoy, vivimos en una era de cambios, donde los novatos, poco a poco comienzan a ganar territorio y popularidad entre el público. Leyendas que antes reinaban la liga se acercan al ocaso de su carrera y son llamados por los dioses del básquetbol para alcanzar la inmortalidad absoluta; son pocas las leyendas que nos quedan por disfrutar, solo Vince Carter, Dirk Nowitzki y Manu Ginóbili siguen con nosotros…o al menos eso creí, hasta el martes 28.

Caminaba por el campus de mi universidad, ocupándome de mis asuntos, de repente, mi celular vibra, es una notificación de la página oficial del equipo de San Antonio. Suelo guardar estos post para verlos más tarde, pero algo me dijo que tenía que desbloquear mi celular en ese preciso momento y leer la noticia. Quedé impactado, casi en shock, no podía creer lo que veía, el titular fue desgarrador: ‘Manu Ginóbili se retira de la NBA’. Me quede sin palabras, había escuchado los rumores de que evaluaría su decisión de si retirase o jugar una temporada más, pensé que era mera publicidad sensacionalista, pero no. En ese momento se me pasó por la cabeza todas y cada una de las jugadas que presencié de este gran basquetbolista argentino. Cada pase, cada lanzamiento, cada clavada, a pesar de estar en sus 40 años seguía rindiendo como si fuera un chamaco de 20. Parecía que el momento de colgar los tenis sería hasta dentro de un año más, pero el mundo no siempre es perfecto.

En los JJ.OO de Atenas 2004, Argentina se coronó como campeón olímpico de básquetbol, bajo el liderazgo de su capitán, Manu Ginóbili

No pude verte jugar en tus mejores años, era un niño que le  aburría ver partidos por televisión, vaya mocoso estúpido que fui. Al menos en mi adolescencia fui testigo de tu último campeonato, de tu posterdunk sobrepasando a Ray Allen y hundiéndola en la cara a Chris Bosh, llenando de alegría y jubilo a todo el estadio, e incluso, marcando una sonrisa en la cara de tu amigo más expresivo, Tim Duncan. Fui testigo del enfrentamiento de tu versión más joven, James Harden, el tapón que le diste que sentenció la serie contra Houston. Junto a los Spurs, le mostraste al mundo  que el básquetbol no se trata solo de individualismos, o de jugadas circenses, sino que su verdadera esencia está en el esfuerzo, la dedicación y la técnica a nivel colectivo. Siempre serás recordado (al menos para mí) como el mejor sudamericano de todos los tiempos, lideraste a la albiceleste al oro olímpico de Atenas 2004 contra la todopoderosa Estados Unidos, conquistaste Europa  con el KínderBolonia, ganaste 4 anillos con los San Antonio Spurs, y muy pronto, te harás inmortal como miembro oficial del salón de la fama del básquetbol con tus propios méritos. Hasta siempre Manu Ginóbili, gracias por el mejor regalo que le pudiste dar a los fanáticos del baloncesto…tu talento.

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